Uno de los más grandes e inopinados regalos que nos dejó 2025 fue el regreso con More de los británicos Pulp, una formación que llevaba 24 años sin pisar un estudio de grabación (las emisiones se habían interrumpido, aparentemente para siempre, en 2001 con We love life) y que, lejos de abonarse a la nostalgia del piloto automático, fue capaz de articular un trabajo sagaz y excitante que muchos saludaron como la mejor publicación de la temporada. A todo aquel alborozo (justificado, merecido) se le suma ahora el complemento de este elepé en directo que cumple con los parámetros clásicos del formato: doble álbum de duración generosa pero no intimidatoria (hora y media exacta); alternancia entre grandes clásicos, orgullosos estrenos y alguna rareza más rebuscada, y, sobre todo, sonido orgánico, palpitante, alérgico a esa pavorosa tentación del maquillaje a posteriori, del retoque cosmético que no solo termina siendo tramposo, sino frustrante y contraproducente.

17 canciones estupendas. Una introducción a cargo de la actriz Kelly Macdonald. El festín del reencuentro aconteció en un abarrotado O2 londinense el 23 de junio de 2025, apenas una semana después de que More hubiese desembarcado en los dispositivos y las vidas de los asistentes. Se trataba del concierto número 566 en la historia del cuarteto, según el propio registro de la banda, y es curioso comprobar cómo Jarvis Cocker no elude el reto del estreno discográfico, con seis de los 11 cortes del nuevo álbum orgullosamente diseminados en el repertorio. También, el grado de conexión que la pista siente ya hacia unas canciones que llevaban muy poco tiempo en su disco duro neuronal: Got to have love, sin ir más lejos, se desliza casi al final y despierta grititos en la audiencia, espoleada por esos gloriosos coros femeninos de soul y por la batería embaladísima de Nick Banks.

Avisa Cocker de que el álbum solo podía llamarse Live!, aun no siendo una denominación en absoluto original, por un doble motivo: constata una realidad, la del álbum en vivo, pero también un reto, el de permanecer vivos y despiertos, predispuestos al estímulo externo y a la sacudida. Nos lo avisa un caballero que este mismo septiembre cumplirá 63 años y que conoce las certezas de lo fugaz. De ahí el pálpito que atraviesa la recreación sobre el escenario de Mis-Shapes o el galope maravilloso que despliega Babies, justo antes de un Common people ineludible pero también despepitado: esos nueve minutos obligan a envidiar a quienes los viviesen empapados en sudor compartido.

Habrá que esperar ahora al documental anexo, Pulp: What do you want for an encore?, para redondear desde todos los ángulos el júbilo por esta vuelta a las andadas de los de Sheffield, que en el O2 tiran la casa por la ventana y se refuerzan con media docena de músicos adicionales, el mencionado coro negroide y una estupenda sección de cuerdas con una decena de efectivos (This is hardcore). Sabe dios por dónde nos sale ahora Cocker, un hombre que ya había desarrollado una trayectoria solista y hasta un proyecto alternativo, JARV IS, de sesgo más adulto y circunspecto. Que sea siempre su santa voluntad: en eterna ausencia del Duque Blanco, su poderosa garganta de barítono y el pellizco permanente de su mirada vitriólica son un refugio necesario.

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