#UnDiscoAlDía

Todos los días, de lunes a viernes, una reseña discográfica de actualidad nacional o internacional. Las novedades más esperadas, cuanto antes mejor, pero también los descubrimientos, las rarezas, los debuts…

Oasis: «Don’t look back in anger» (documental, 2026)

Solo existían dos cosas más inverosímiles que una reconciliación entre los hermanos Gallagher. La primera, que Disney (sí, ¡Disney!) produjera el documental sobre la exitosísima, estruendosa, multitudinaria y muy sonada gira de regreso de Oasis. La segunda, que ese documental finalice con una canción de Burt Bacharach y Hal David, en concreto ‘What the world needs now is love’. Pues bien: ambas cosas suceden

Pulp: «Live!» (2026)

A ese alborozo en torno al regreso de la banda (‘More’, 2025) se le suma ahora el complemento de este elepé en directo que cumple con los parámetros clásicos del formato: doble álbum de duración generosa pero no intimidatoria, alternancia entre grandes clásicos y orgullosos estrenos; y, sobre todo, sonido orgánico, palpitante, alérgico a esa pavorosa tentación del maquillaje a posteriori, del retoque cosmético que no solo termina siendo tramposo, sino frustrante y contraproducente

The Jayhawks: «Sanctuary park» (2026)

Se cumplen cuatro décadas de historia de la banda, a ratos discontinua y tortuosa, así que merecía la pena asestar un rotundo golpe sobre la mesa. Y los más viejos seguidores de las andanzas recibirán esta noticia con alborozo justificado: este LP nace con abierta vocación de plantarle cara al maravillosísimo ‘Rainy day music’, de 2003

Interpol: «This mirror weighs a ton» (2026)

la voz tortuosa de Paul Banks y las guitarras enmarañadas de Daniel Kessler continúan representando una alianza tan indestructible como un gran bloque de hormigón. Entre los dos se encargan de que este octavo álbum de la banda del cuarteto conserve ese aire absorto y hechicero de los mejores días. Es más, puede que los dos cortes iniciales simbolicen lo mejor que les hemos escuchado a los neoyorquinos desde sus años mozos.

Chinese American Bear: «Dim sum & then some» (2026)

Abonados al pop de sintetizadores, el chisporroteo de teclados y ese espíritu jovial y travieso de quien se siente bien acompañado, las páginas de este tercer disco de la pareja chino-estadounidense son cantarinas, risueñas y propicias para un canturreo divertido y evanescente. Sirve como encantador plato principal para amenizar una cena imaginativa y cosmopolita

Dura Calá: «¡Ay!» (2026)

Este nuevo sexteto madrileño huele a callejón puro, a canalleo del bueno, a mucha vida desgastando la suela sobre las aceras y frecuentando los parques chungos con grafitis hasta en el último centímetro cuadrado de hormigón. Bien por recuperar el espíritu quinqui: un poquito de caña al mono, en una ciudad tan gentrificada, le vendría muy bien a sus cimientos sociales.

Maria Arnal: «Ama» (2026)

El debut en solitario de la artista de Badalona, reconocida hasta ahora por sus dos álbumes junto a Marcel Bagés, muestra la madurez y versatilidad anímica de quien bordea ya la frontera de los 40 años y no disimula una evidente mayor afinidad hacia los latidos de las computadoras

Phoebe Bridgers: «Lost weekend» (2026)

La tercera y esperadísima entrega de la californiana (seis años después de su antecesora, tres desde la eclosión de Boygenius) encierra pasajes memorables, ambiciosos y maravillosísimos, y podría trascender años y generaciones, aunque le lastran cinco minutos inconexos

Antonio Arias: «Mawlid (Mapa del trance)» (2026)

El padre de Lagartija Nick se adentra en la cultura gnawa, el desierto marroquí y el sonido del tosco guembri para engarzar un puñado de canciones que pensaríamos inverosímiles, pero que ahora suenan espontáneas, naturales, sinceras y, sobre todo, concebidas desde la humildad y la admiración hacia una cultura que, lejos de pretensiones coloniales, se abraza con ánimo ensalzador.

Young The Giant: «Victory garden» (2026)

El sexto álbum de los Giant menciona una vez tras otra la empatía como mantra, garabatea algo parecido a unas florecillas de colores en portada; apela a un crecimiento lento, sostenido y exitoso con las solas connotaciones del título, elige a una muchacha extática y con ambiciones casi levitatorias como imagen de referencia y entrega 11 canciones como una catarata sin fin de estribillos felicísimos, coros celestiales y demás himnos para abrazarse fuerte con algún amigo/a especial