En puridad es solo el segundo elepé de This Is Lorelei, el flamante alias de este chico listísimo llamado Nate Amos, pero no hablamos ni de un artista del todo bisoño ni aún menos poco experimentado, porque en sus 35 años ya ha tenido tiempo de encabezar el proyecto Water From Your Eyes e incluso de dar forma junto a su amiguísima Lily Konigsberg a una banda paralela, My Idea, que hace cuatro años nos dejó locos con su debut, Cry mfer, y de la que no tendríamos inconveniente en volver a tener noticias. Pero Lorelei (el nombre proviene de un planeta citado en Star Trek)es el artefacto solista por antonomasia de Amos y estas 11 canciones, su consagración absoluta como uno de los autores más hábiles, contagiosos e inaprensibles de la nueva escena yanqui. Íbamos a escribir americana, a modo de género, pero la escritura de Nate es tan escurridiza en su estilo que a veces creemos encontrarnos ante un artista de rock indie y otras ante un émulo del country-rock de los setenta, pero casi siempre hay que terminar sacándose el sombrero, sea este vaquero o de cualquier otro diseño que nos encaje en la cabeza.
Autor de epés, cintas y demás material disperso desde la década pasada, el neoyorquino no estampó el nombre de This Is Lorelei en una portada oficial hasta Box for Buddy, Box for Star (2024), un álbum ya sensacional que ha conocido un par de reediciones con versiones de (glubs) Jeff Tweedy, Snail Mail o MJ Lenderman, así que hablamos de un evidente “secreto a voces”. A finales de 2025 publicó Holo boy, en realidad una recopilación de cortes de sus mixtapes de los años mozos. Y este segundo o tercer álbum, según queramos hacer la cuenta, es una virguería nacida en carretera durante la última gira con Water From Your Eyes, una obra a lo Juan Palomo en la que Nate se basta para componer, interpretar y producirlo todo, salvo el banjo de su padre, Bob Amos, en And I haven’t seen my love in quite a while (de largo, la más campestre de los cortes más bucólicos), las segundas voces de su hermana, Sarah Amos, en tres temas y la aportación de su novia y pareja en WFYE, Al Nardo, precisamente en compañía del suegro de esta. Todo queda en casa porque The singer in my band es un ejercicio de autosuficiencia y de talento descarado.
Amos escribe canciones de apariencia sencilla que funcionan como un reloj. Abre con la casi saltarina I will eat my heart in the morning light, tan adorable que parece obra de un Cat Stevens juvenil pero adaptado al siglo XXI. Se pone crudo y guitarrero con la casi obsesiva Oh no now my, fabulosa en su reiteración eléctrica. Y adquiere la condición de irresistible con ese primer single, Billy came back, que parece escrito en un cuarto de hora y se adhiere a la memoria con durabilidad probablemente indefinida: su propio autor ha admitido que la acabó terminando y llevándosela al estudio porque durante meses no se la podía quitaer de la cabeza.
Lo más encantador es que podemos detectar tenues trazas de Elliott Smith (The kid with the crown) o Barenaked Ladies en Sailing (Your baby’s down), e intuir que Nate/Lorelei está obviamente familiarizado con Wilco, Neil Young, Jackson Browne y demás nombres de postín, pero no suena a nadie en concreto. Engancha casi siempre, emociona a cada rato, seduce a la primera pero gana con las escuchas sucesivas. En tiempos de discos que se olvidan y a los que no se regresa, he aquí uno con opciones de desgastarte la aguja del giradiscos.
This Is Lorelei visita Barcelona, Madrid y San Sebastián en marzo de 2027