El título no necesita mucha traducción, además de que su elocuencia nos lleva a congeniar de inmediato con él. Y lo que esconde no defrauda las expectativas, puesto que hay mucho humor, sorna, desparpajo, surrealismo y (llegado el caso) unas gotas de mala baba, además de algún arrebato más sentimental, en la propuesta chisporroteante de estas muchachas. Porque nuestras Testarudas son todo chicas, las nueve, y con este álbum de debut (antes ya habían publicado un EP y alguna canción suelta) se erigen en una suerte de versión femenina, bulliciosa y empoderada de lo que, mutatis mutandi, representaban Madness cuando alborotaban el cotarro en sus años de gloria, cuatro décadas atrás.

Les Testarudes tienen denominación de origen orgullosamente catalana, edades comprendidas entre los veintitantos y los treinta y una rutilante sección de metales (trompeta, saxo tenor, saxo alto y trombón: ahí queda eso) ocupando casi la mitad de la alineación. Son descaradas, orgullosas, lenguaraces, combativas y, sobre todo, muy divertidas. Porque asimilan todas las enseñanzas del ska, el reggae y demás herencias jamaicanas, pero las llevan a una cotidianidad a veces enfurruñada y otras, abiertamente cómica.

Nada mejor que Un mamut, uno de sus pocos títulos en castellano (a veces también garabatean en inglés: al diablo con las líneas rojas), para comprender que solo desde el delirio hilarante pueden escribirse versos como “Un mamut, en la clínica equina / Un mamut tiene sarro en las encías”. Y que, llegados a ese punto, solo podemos rematar la jugada elevando la apuesta: “Un mamut en mi herriko taberna” (!).

Todo ello, mientras cinco de las integrantes se retratan en el libreto interior ojeando un precioso vinilo de The Skatalites, qué mejor idea que esa. En Where’s my car?, sin embargo, la desesperación por no saber dónde hemos aparcado nos lleva a un bilingüismo fácil de traducir por el oyente medio: tras repetir “Where’s my fucking car?”, las chavalas nos advierten de que se les está acabando la paciencia por momentos (“Presumptament, entraría per la porta d’una hòstia i la faria giratoria”).

Hay chispa y hay gracia, sin duda, pero también trasfondo. En lo musical, que es un continuo chup chup sustancioso, incluso con alguna todavía incursión en los territorios de las grandes divas souleras (el ejemplo más palmario es Plou i fa soul); y en lo temático, que no busca solo el chiste, la ocurrencia y la sonrisa, sino también el retrato de un tiempo, una circunstancia y una generación. Es todavía solo un primer paso, pero un muy buen comienzo. Y que a partir de ahora no pierdan la testarudez, claro, para seguir porfiando.

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