Aquí no había trampa ni cartón, margen para el error ni red de seguridad. Songbook, el fantástico repaso de Allen Toussaint frente al piano a más de medio siglo como símbolo máximo de la música de Nueva Orleáns, representó en 2013 la oportunidad de conocer al creador en el formato más escueto y confidencial que cabe concebir: solo él, su voz, el piano y algunas de las más significativas de entre los cientos de canciones de autoría propia que le contemplaban. Captar aquella atmósfera intimísima que acogió con regularidad el Joe’s Pub de Nueva York durante los años inmediatamente posteriores a la catástrofe del Katrina merecía mucho la pena, por más que álbumes tan austeros y desnudos puedan no ser enteramente del agrado de una parte de la afición. Pero el disco de hace 13 años, ya a estas alturas muy difícil de localizar, cobra ahora nueva vida con un segundo cedé completamente inédito y no menos interesante que el álbum de partida. Un festín de 20 cortes y algo más de 65 minutos que conserva el formato del original –voz y piano, sin posibilidad del más mínimo aditamento–, pero expande la sensación de que el bueno de Toussaint nos dejó un legado casi inabarcable.

Los ocho primeros temas de este segundo cedé, desempolvado para hacerle la boca agua a los coleccionistas, se nutren de esas mismas sesiones en el Joe’s, comparecencias dominicales frecuentes en las que el insigne hijo de Nueva Orleáns había de ingeniárselas para que los comensales le prestaran atención en la hora del brunch o el almuerzo. Es decir: las circunstancias de la grabación abundan en esa idea primigenia de un Toussaint con tanto bagaje y tan seguro de sus posibilidades como para prestarse a una experiencia que otros habrían tomado como alimenticia y poco prometedora. La manera en que los dedos galopan sobre las teclas blancas y negras es un prodigio de swing, gospel, acentuación y sentido del ritmo: por favor, escuchen de manera consecutiva el instrumental Singin’ the blues y un clásico asociado a Louis Armstrong, Long long journey, para disipar cualquier atisbo de duda.

El resto del material ahora añadido –felicísimo todo él, insistimos– abarca de los cortes 9 al 20 y proviene de una serie de entrevistas con Paul Siegel durante las que Toussaint explicaba su manera de sentir la música e intercalaba pasajes musicales para avalarlo; a veces fragmentos breves, pero otras muchas, interpretaciones completas. Siegel es el productor del álbum (el original y el ahora expandido), el gran impulsor de la idea y el hombre que dedica docenas de abigarradas páginas en el libreto a explicar el origen, significado y relevancia de todos y cada uno de los cuarenta y tantos cortes representados en el doble cedé. Dios bendiga las ediciones físicas con su buena dosis de literatura y documentación, un aspecto (otro) en el que este Songbook es un ejemplo palmario.

De Toussaint recordaremos de por vida aquel último concierto en el Teatro Lara de Madrid, tan gozoso, el 9 de noviembre de 2015, apenas unas pocas horas antes de que nuestro hombre se encontrara indispuesto y falleciera de un fallo cardiaco, ya en las primeras horas del día 10, en la Fundación Jiménez Díaz de la capital. “Una sesión afectuosa que terminó con piropos varios (‘me gustaría llevaros a todos a Nueva Orleáns’) y hasta un breve paseo por el patio de butacas para propiciar abrazos y algún selfi”, habíamos escrito de aquella. No había sido una noche musicalmente deslumbrante, pero para eso este Songbook cubre un hueco encantador.

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