El mítico fondo de armario sonoro de Prince Rogers Nelson no llegaba a ser infinito, evidentemente, pero 10 años después de la muerte del genio sigue deparándonos un buen puñado de premios de consolación. Timeless es en puridad el álbum número 41 del autor de Purple rain, pero su condición póstuma, demorada y radicalmente dispersa en sus fuentes originales lo convierte en una rareza absoluta. Es muy probable que el dueño de Paisley Park nunca hubiese reunido estos títulos bajo un mismo techo fonográfico, puesto que la entrega reúne 10 grabaciones de una heterogeneidad impensable: la primera es un registro en el estudio casero en 1977, un año antes del debut discográfico oficial (For you, 1978), mientras que la última es una grabación en directo a voz y piano fechada el 4 de marzo de 2016, cuando nadie en este planeta podía sospechar que perderíamos para siempre a su protagonista apenas 48 días más tarde.
El resultado es una suerte de sudoku en toda regla para los más devotos del Príncipe, que desde ya mismo pueden cruzar datos, certezas e intuiciones para conjeturar sobre el origen de estas composiciones y los motivos por los que no llegaron a ser aprovechadas y difundidas en su momento. De entrada, las dos conclusiones fundamentales parecen evidentes. La primera, nada de lo aquí ahora descubierto llega a rozar el nivel de las icónicas obras maestras de su autor, sobre todo la práctica totalidad de sus singles entre 1979 y 1994. La segunda: casi cualquier artista de los cinco continentes mataría por haber escrito alguno de estos cortes y los incluiría de manera obligatoria en cuantos conciertos le quedasen por delante durante toda su carrera musical.
Los friquis de la princeología encontrarán de entrada familiares al menos tres de los títulos aquí recopilados. Tick tick bang es un casi epiléptico delirio de funk a tumba abierta fechado en 1981 y recuperado nueve años más tarde para la banda sonora de Graffiti bridge, solo que una versión ya modificadísima. With this tear es un baladón en falsete de 1991 que Prince prefirió regalar a Céline Dion para su álbum homónimo de 1992, una decisión desdichada porque la lectura de la canadiense es lánguida, anodina y liofilizada. Y a la extraordinaria How come U don’t call me anymore sí que la tenemos muy fichada en la voz del propio artista, porque nació como humilde cara B de la canción 1999 (1982) pero terminó popularizándose en distintos formatos y versiones. Con todo, su recreación solista en vivo de marzo de 2016 es fabulosa: Prince conservaba una voz tan avasalladora que duele aún más pensar en que nos quedamos sin ella a las siete semanas de aquella comparecencia en el Oracle Arena de Oaklan (California).
En el material de todo punto desconocido hay algunas pinceladas fascinantes. La muy primeriza I am you, de 1977, ya es contagiosísima y no habría desentonado en discos como Prince (1979) o Controversy, de 1980. I wonder (1989) tiene un tono cantable y reiterativo muy similar al que adquiriría poco después su clásico Seven (1992). Y Stone (1995) sí podría haber sido un single con todas las de la ley, tal vez dentro de la inmensidad de aquel ¡triple! álbum que fue Emancipation. Pero así se las gastaba el de Minneapolis, quizá el hombre más prolífico en toda la historia del pop.
La controversia ha rodeado la vitamínica Calabama (2003), funk urbano y rapeado de primera división, por las verosímiles sospechas de que su muy enérgica sección de metales puede haberse añadido con posterioridad a la grabación original. Pero es una objeción menor de cara a la galería, porque el resultado es muy interesante. Y sí, queda claro que Timeless tiene algo de totum revolutum de menor empaque que el fabuloso álbum inédito Welcome 2 America, que vio la luz en 2021y Prince había grabado en 2010 (y orillado quién sabe por qué o hasta cuándo). También es inferior al abundantísimo material inédito de las sesiones de Sign o’ the times (1987) y Diamonds and pearls (1991), reflotado en las impresionantes reediciones de siete cedés por cada entrega. Pero escuchar al Príncipe Púrpura siempre es una experiencia estimulante, por mucho que quienes le descubran ahora tienen muchísimo que escuchar antes de recalar en este raro espécimen discográfico.