La pontevedresa Uxía Senlle anda inmersa en plena celebración de sus cuatro décadas como voz fundamental en la cosmogonía gallega con un espectáculo precioso, Será por flores, pero ajena siempre a los vanos afanes de protagonismo ha querido centrarse ahora en otra figura amiga y cómplice para rendirle un homenaje sencillo pero muy sentido y, sin duda, merecidísimo. La figura de Begoña Caamaño, periodista y escritora de vida intensa e injustamente breve, ha adquirido este 2026 un reconocimiento al fin acorde con su relevancia gracias a su elección como protagonista del Día das Letras Galegas (17 de mayo), así que no existía ocasión mejor que esta para reivindicar su figura también desde la óptica de la música y la sororidad más irrenunciable y necesaria, la que le procura quien fuese aliada en miles de horas de risas, causas y tareas compartidas. Son nueve canciones hermosas, llanas, poéticas y sentidas, un acto de amor musical y de amistad que trasciende al fatal destino. Un abrazo sonoro con visos de eternidad, porque estas palabras, pentagramas y sonidos perdurarán mientras todas las demás voces se vayan apagando.

Uxía sigue siendo una maestra consumada en el arte de cantar sereno y bonito, y no merecía menos la viguesa Caamaño (1964–2014), voz muy reconocible en el panorama mediático gallego a través de la Radio Galega y de su activismo corajudo en la defensa de la cultura más identitaria, pero también novelista tardía con dos obras muy apreciables y de resonancias míticas, Circe ou o pracer do azul (2009) y, sobre todo, Morgana en Esmelle (2012), que con el Día das Letras de esta última edición entran con derecho propio en el parnaso de la literatura en la lengua de Rosalía (la compostelana genuina, no la de Sant Esteve Sesrovires). Senlle confía la producción a otro vigués ilustrísimo, Pablo Novoa (Golpes Bajos), hombre minucioso y amante de la finura, e incorpora a la ecuación a una nómina de mujeres fundamentales para la canción del país: Guadi Galego (¡claro!), Antía Ameixeiras, Faia Díaz, Ugia Pedreira y el colectivo Malvela, impulsado por la propia Uxía desde ya hace años.

Junto a Galego, otros tres exintegrantes de Berrogüetto, el acordeonista Santi Cribeiro, el percusionista Isaac Palacín y el violín de Quim Farinha, se suman a la ecuación para que todo suene terruñero, sentido, mimoso, lindísimo. Hay tanto cariño depositado en este brindis que el librodisco resultante ni siquiera asume ese nombre compuesto sobrevenido, sino que pasa a denominarse “caixiña de música”. Y emociona en él que la periodista Tereixa Constenla, buena amiga tanto de Uxía como de Begoña, asuma un prólogo precioso, A vida compensa, sobre el regalo (efímero) de existir, pese a los sinsabores, las desgracias y pérdidas tempranas, las derrotas. Ella misma lo sabe bien.

Recupera Uxía su fantástica aproximación al Alalá das mariñas, que hace tres décadas largas abría su quintaesencial Estou vivindo no ceo (1995) y ahora suena más orgánica que nunca. Y erige con Begoñísima una suerte de pasacalles feminista que bien podría animar verbenas y foliadas de toda condición. Acérquense todas (y todos) a este universo inclusivo, a un paréntesis de amor y vida.

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