El concepto de banda revelación es tan evanescente como el éxito mismo, así que no sabemos si atribuirle esa condición a estos muchachos de The Sophs o guardar un prudente silencio por su propio bien. Pero como hemos venido a opinar, admitamos que la etiqueta haría justicia a este sexteto angelino que irrumpe en nuestra discoteca como un complemento vitamínico en el cajón de las medicinas, con ese empeño por sonar radiantes, frescos y soleados que solo obtendríamos de manera artificial con unas buenas cápsulas de Hidroferol. A priori, reúnen unas cuantas papeletas para convertirse en algo parecido a los nuevos Strokes, solo que en la costa oeste, porque aportan mordacidad, empuje, pellizco eléctrico. Lástima para ellos, en el fondo, que sus referentes neoyorquinos hayan decidido salir del letargo, seis años después, justo esta misma temporada.
¿Mordacidad, dijimos? Puede que incluso debamos elevar la apuesta y dejar constancia de una cierta mala baba. Porque sin ese aporte adicional de vitriolo no podría escribirse una canción como Death in the family (“Muerte en la familia”), en la que Ethan Ramon, el jovencito de gesto enfurruñado y peinado anárquico que figura al frente de las operaciones, rezonga: “Necesito una muerte en la familia para pasar página. Necesito que entiendan que he aprendido cuál es mi lugar. ¿De qué sirve expiar los pecados? Necesito una intervención divina para eliminar mis cicatrices”. Llamémoslo provocación, o incluso incorrección, pero… ¿no era acaso eso mismo lo que esperábamos de un disco de rock en el origen de los tiempos?
Veremos si se refrendan las expectativas, pero memoricen el nombre de Ramon, por si acaso. Y porque encierra una sorpresa biográfica colosal, como él mismo ha llegado a desvelar. “Mi mamá lo eligió porque era muy fan de los Ramones, pero hay más”, nos explicó en persona. “En la famosa canción de Jackson Browne Take it easy, cuando la letra menciona a una chica de Tucson, Arizona, ¡era ella!, o al menos eso han insistido siempre en contarme mis padres. Además de los Ramones, a mamá le encantaba el disco de Paul McCartney Ram y, más en concreto, la canción Ram on. Así que mi nombre tiene una connotación más musical que cultural, pero es algo importante para mi familia”.
¿Sorprendidos? Las canciones de Goldstar, este debut ilusionante y motivador, corroboran todos los indicios: Ethan es un personajazo capaz de escribir canciones de las que arañan. Que nadie pase por alto Home (“Hogar”), en donde relata su vida en alquiler durante un par de años en un apartamento de Los Ángeles, junto a dos de sus compañeros de grupo. Y advierte: “El moho en el pan, las arañas en la pared, el pelo en el desagüe. Esos detalles son profundamente personales para mí”. Pero no podíamos esperar menos de quien transgrede las normas incluso en la pila bautismal. Porque, a todo esto, ¿qué demonios significa The Sophs? Ramon acude a nuestro rescate: “The Sophs es un nombre totalmente arbitrario. No significa nada. Solo quería estar en una banda que fuera algo plural. El nombre simplemente surgió de la nada, y eso fue todo. Así que… sí, en realidad no representa ni significa nada de nada”.
Orillemos, pues, la lexicografía y quedémonos con las sensaciones, que son alentadoras. De acuerdo, The Sophs no pretenden patentar ninguna fórmula novedosa, pero al mismo tiempo pellizcan, divierten y mueven a la curiosidad, tres factores inequívocamente gratificantes. Ellos mismos se dicen convencidos de que los 10 cortes de Goldstar son “una plasmación honesta” del momento que atravesaban al escribirlos, pero Ramon maneja un concepto hermoso e inusual sobre lo que se puede esperar de un joven sexteto como el suyo: “No creo que nunca vayas a conseguir la mejor versión de Sophs mientras sigamos existiendo, porque vamos a seguir mejorando”. Si esta atractiva Estrella dorada es solo un tímido punto de partida, preparémonos para cosas bien emocionantes.