Como tantos artistas grandes, o cuando menos muy meritorios, a los que el gran foco central de luz se les niega de manera sistemática, el nombre de Sera Cahoone puede resultarles desconocido a muchos aficionados de fino paladar que sí estén familiarizados con las andanzas de Lucinda Williams, Mary Chapin Carpenter, Loretta Lynn, Waxahatchee o nuestra bien querida Charlotte Cornfield. En algún punto intermedio entre todas estas grandes damas (a las que bien podríamos añadir también a k.d. lang, más aún con la conexión añadida del público LGTBI) se sitúa esta mujer de aspecto fresco, sonriente y radiante, decidida a que no la achanten las crudezas propias de la vida y a que su característico buen gusto por el country alternativo, el folk campestre y demás músicas de raíz no decaiga ni siquiera cuando las circunstancias nos abocan a tirar la toalla.
Cahoone viene de un periodo fatídico y luctuoso en el que se sucedieron las pérdidas de su mejor amiga, su padre y hasta ese perro erigido en la más cómplice de las compañías. El verano de 2025 superó la incómoda barrera del medio siglo de vida, con sus balances derivados, inevitables y no siempre satisfactorios, y la inspiración o las circunstancias la llevaron a consumir cerca de ocho años para acabar de dar forma a su nuevo cancionero desde aquel ya lejano From where I started (2017). Las circunstancias podrían derivar en un disco sufrido, compungido y melancólico, pero Cahoone ha preferido utilizar su voz como talismán y cauce para el resarcimiento. De ahí la luz al principio tenue, pero a la postre incontenible, que emana de High and low o Say something, canciones serenas pero finalmente esperanzadas. Y ejemplos de esos ritmos medios acústicos con los que ese country-folk pletórico de cuerda pulsada se vuelve irresistible.
Ha tardado la artista de Denver (Colorado) en rearmar el ánimo, pero por eso mismo se vuelve tan conmovedora en la reparadora No one like you, una de esas baladas que, sin aspavientos, va creciendo en cuerpo y emoción a cada compás. La mujer que en su día sujetase las baquetas de Band of Horses (otra formación afín que ha logrado mucha más repercusión que ella: cosas del destino) se conoce todas las variantes sonoras del género y las despliega con un empaque adorable: el trajín vaquero de Pulling up roots, el pellizco electroacústico de Hits right, el sonido evocador y arrastrado de la pedal steel para Not how I have hoped, la rotunda balada íntima y final de Something good.
Y ese poso anímico, precisamente, de que todo acabará bien, de que remontaremos el vuelo. Puede que no siempre suceda así, pero Sera se ha empeñado en deslizarnos al oído un susurro alentador. Y es, por su parte, un detalle precioso.