
#UnDiscoAlDía
Todos los días, de lunes a viernes, una reseña discográfica de actualidad nacional o internacional. Las novedades más esperadas, cuanto antes mejor, pero también los descubrimientos, las rarezas, los debuts…
Dura Calá: «¡Ay!» (2026)
Este nuevo sexteto madrileño huele a callejón puro, a canalleo del bueno, a mucha vida desgastando la suela sobre las aceras y frecuentando los parques chungos con grafitis hasta en el último centímetro cuadrado de hormigón. Bien por recuperar el espíritu quinqui: un poquito de caña al mono, en una ciudad tan gentrificada, le vendría muy bien a sus cimientos sociales.
Maria Arnal: «Ama» (2026)
El debut en solitario de la artista de Badalona, reconocida hasta ahora por sus dos álbumes junto a Marcel Bagés, muestra la madurez y versatilidad anímica de quien bordea ya la frontera de los 40 años y no disimula una evidente mayor afinidad hacia los latidos de las computadoras
Phoebe Bridgers: «Lost weekend» (2026)
La tercera y esperadísima entrega de la californiana (seis años después de su antecesora, tres desde la eclosión de Boygenius) encierra pasajes memorables, ambiciosos y maravillosísimos, y podría trascender años y generaciones, aunque le lastran cinco minutos inconexos
Antonio Arias: «Mawlid (Mapa del trance)» (2026)
El padre de Lagartija Nick se adentra en la cultura gnawa, el desierto marroquí y el sonido del tosco guembri para engarzar un puñado de canciones que pensaríamos inverosímiles, pero que ahora suenan espontáneas, naturales, sinceras y, sobre todo, concebidas desde la humildad y la admiración hacia una cultura que, lejos de pretensiones coloniales, se abraza con ánimo ensalzador.
Young The Giant: «Victory garden» (2026)
El sexto álbum de los Giant menciona una vez tras otra la empatía como mantra, garabatea algo parecido a unas florecillas de colores en portada; apela a un crecimiento lento, sostenido y exitoso con las solas connotaciones del título, elige a una muchacha extática y con ambiciones casi levitatorias como imagen de referencia y entrega 11 canciones como una catarata sin fin de estribillos felicísimos, coros celestiales y demás himnos para abrazarse fuerte con algún amigo/a especial
Lucía Martínez & The Fearless: «Hope» (2026)
A sus 44 años, a la batería y jazzista viguesa le ha cundido muchísimo el tiempo, pero puede que esta etapa berlinesa junto al quinteto de músicos alemanes The Fearless sea la más ilusionante. 45 minutos cautivadores y plaurales, muy capaces de completar en todo momento la distancia entre la caricia y el pellizco
The Sophs: «Goldstar» (2026)
El concepto de banda revelación es tan evanescente como el éxito mismo, pero la etiqueta haría justicia a este sexteto angelino que irrumpe en nuestra discoteca como un complemento vitamínico en el cajón de las medicinas. Némesis de los Strokes desde la Costa Oeste, son provocadores, a ratos hasta incorrectos, pero… ¿no era acaso eso lo que esperaríamos de una banda de rock?
Niall Horan: «Dinner party» (2026)
No tomen a Niall solo por un muchacho guapo y un yerno ideal: este chico vale. Por más que en esta cuarta entrega solista, más intermitente que ‘The show’ (2023), el irlandés salga esta vez perdedor frente al trabajo coetáneo de su antiguo compañero de filas Harry Styles
MT Jones: «Joy» (2026)
Acaso el mejor estreno en años dentro de las siempre cálidas aguas del soul de ojos azules. Jones es de Liverpool, se curtió desde adolescente tocando en las calles y redondea un estreno excelente: sensualidad vulnerable y apego por las formas clásicas de los sesenta y setenta
Alela Diane: «Who’s keeping time» (2026)
Siempre tendió Diane a una cierta gravedad en su escritura, a no disimular el poso turbio y amargo de la tristeza; pero incluso el pintoresco aire cómico de la portada de este séptimo elepé, con esa mesa preparada en mitad de ningún sitio y esa familia de ánades supliendo la inexistente compañía humana, sirve como indicio de que los ánimos apuntan esta vez en otras direcciones.









